El piso lo puso la economía
19 de agosto, 2026
DEFOE
La aprobación de Donald Trump es de 36.8%. Es el punto más bajo de las 82 semanas que lleva el Agregador Defoe midiendo su segundo mandato. El máximo fue 50.1% la semana del 21 de enero de 2025, cuando tomó posesión.
Tres mínimos en la misma semana
La aprobación de la gestión económica está en 32.9%, con 61.6% de desaprobación. También es el mínimo de su serie, y viene de 47.6% en enero de 2025. La aprobación de la política migratoria está en 40.4%, mínimo igualmente, desde 52% al arranque del mandato.
Los tres indicadores tocaron su punto más bajo la misma semana. Ninguno se está recuperando por su cuenta mientras otro cae.
El orden importa. La economía cruzó por debajo de la aprobación general hace tiempo y se mantiene ahí: hoy corre casi cuatro puntos por debajo del número presidencial, y siete por debajo de migración.
La dirección del país es el único indicador que no se movió: 33.3% cree que va en la dirección correcta, 58.7% que va en la equivocada. Lleva meses ahí. Es un piso pesimista que no reacciona ni cuando la aprobación baja.
Dónde vive la aprobación (36.8%)
El promedio nacional esconde una dispersión de veinticinco puntos entre grupos. Los hombres aprueban en 40.5% y las mujeres en 30.3%: diez puntos de brecha de género.
Por edad, los jóvenes de 18 a 29 años marcan 28.1%, la aprobación más baja de cualquier grupo etario, y los mayores de 65 están en 38.2%.
Entre votantes blancos es de 40.4%; entre hispanos, 29.2%; entre afroamericanos, 15.8%. Ninguno de esos niveles es nuevo. Son las mismas posiciones relativas que estos grupos han sostenido a lo largo del ciclo, y esa rigidez es justamente lo que hace que el número nacional se mueva poco y despacio: hay pocos votantes disponibles para cambiar de opinión.
La evaluación de la economía reproduce ese mismo mapa, un escalón más abajo en casi todos los cortes: 41.5% entre votantes blancos, 30.3% entre mujeres, 27.6% entre los de 18 a 29 años y 16.5% entre afroamericanos. No hay un solo grupo demográfico donde la gestión económica se despegue hacia arriba del juicio general sobre el presidente.
Por ingreso del hogar la aprobación es de 41.3% en hogares de ingreso medio, 39.4% en ingreso alto y 36.1% en ingreso bajo. El orden importa: el ingreso medio —el segmento que suele decidir las intermedias— corre por encima del promedio nacional, y el ingreso bajo por debajo. Es el mismo patrón que esta serie documentó en junio.
El dividendo que no aparece
Con el presidente veintidós puntos bajo el agua, la expectativa razonable sería una ventaja opositora amplia. No es lo que registran los datos.
La boleta genérica para el Congreso marca 48.6% demócrata contra 41.8% republicano: una ventaja de 6.8 puntos. Es la más alta de la serie, y conviene decir por qué eso significa menos de lo que parece. El rango de esta ventaja en todo el ciclo va de 1.1 a 6.8 puntos. Nunca ha llegado a dos dígitos. Un máximo de serie que sigue siendo un margen de un solo dígito no describe una ola.
Ahí está la tensión del ciclo, y se puede poner en dos números. El balance neto del presidente es de −22.3 puntos (36.8 contra 59.1). La ventaja de la oposición en la boleta es de +6.8. La distancia entre ambas cifras es el espacio que el rechazo a Trump no ha convertido en preferencia demócrata.
Los datos del Agregador Defoe permiten señalar dónde está ese espacio. En la boleta, los independientes se inclinan por los demócratas 35.5% contra 18.4% — pero esos dos números suman 54: casi la mitad de los independientes no expresa preferencia por ninguno. Los hombres marcan un empate técnico (42.4% contra 43%), igual que el grupo de 45 a 64 años (43.4% contra 44.5%) y los votantes blancos (43.3% contra 46.7%).
La desaprobación de un presidente y el voto por el partido opositor son dos decisiones distintas, y en este ciclo hay un bloque considerable de votantes que ya tomó la primera sin tomar la segunda.
La lectura desde México
Para México el dato relevante no es el número de Trump sino su asimetría con el resto de la región. Claudia Sheinbaum registra 66.5% de aprobación y Mark Carney 56.8%. Son treinta puntos de diferencia entre la mandataria mexicana y el presidente estadounidense.
Un presidente en el mínimo de su serie, con su gestión económica peor evaluada que él mismo y a menos de tres meses de una elección intermedia, tiene incentivos para buscar terreno donde mostrar firmeza. La política comercial ha sido ese terreno durante todo el mandato. La revisión del T-MEC ocurre en ese contexto, y el Agregador Defoe seguirá midiendo si la firmeza le devuelve algo en las encuestas o si, como hasta ahora, la economía sigue marcando el piso.