Las encuestas a una semana de la elección

Las encuestas a una semana de la elección

24 de octubre, 2026

DEFOE

A una semana de la elección intermedia del 3 de noviembre, los demócratas tienen 50.8% de la intención de voto para el Congreso y los republicanos 41.8%, según el Agregador Defoe. Con esa ventaja, el pronóstico de Defoe les da 243 de los 435 asientos de la Cámara de Representantes y 93% de probabilidad de quedarse con la mayoría. En el Senado está más cerrado: 52 de 100 asientos en promedio y 69% de probabilidad de mayoría.

Esas cifras dependen de qué tan bien reflejen las encuestas a quienes van a votar, y en elecciones pasadas las encuestas han tenido sesgo: se han inclinado de forma sistemática hacia uno u otro partido. Si las encuestas al Senado tuvieran el mismo sesgo a favor de los demócratas que en 2020, de 6.4 puntos, el más alto desde 2000, el republicano ganaría en seis de los ocho estados que ganó Trump donde hoy va adelante el demócrata.

El sesgo en el pasado

El sesgo más claro aparece en las elecciones presidenciales con Trump en la boleta. En 2016, las encuestas dieron a los demócratas 3 puntos más de ventaja de la que sacaron en las urnas; en 2020, 4.7, y en 2024, 2.9 puntos. En las elecciones al Senado de 2014, 2016 y 2020, las encuestas de cada estado también les dieron de más a los demócratas.

Desde 2018, sin Trump en la boleta, el registro es otro. En las intermedias de 2018 y 2022, el sesgo fue menor a un punto. En las elecciones de 2025, entre ellas las de gobernador en Nueva Jersey y Virginia, fue al revés: las encuestas dieron de más a los republicanos, 6.1 puntos en promedio y 9 en Nueva Jersey.

Primer argumento: quién contesta

De las cuatro explicaciones del sesgo que más se discuten, la primera es quién contesta las encuestas. Una hipótesis es que Trump es fuerte entre votantes que participan poco en política: contestan poco las encuestas, pero sí salen a votar en las presidenciales. Si fuera así, el sesgo crecería cuando él está en la boleta y bajaría en las intermedias, cuando votan sobre todo los más constantes, como se vio en 2018 y 2022. Para compensarlo, las encuestadoras les dan más peso a los grupos que contestan menos.

Segundo argumento: cómo se ajustan las encuestas

Ninguna encuesta reproduce perfecto a la población, así que las encuestadoras ajustan sus muestras para que se parezcan a quienes van a votar. Después de 2020, muchas empezaron a ajustarlas también según cómo dijeron haber votado los entrevistados en la elección anterior, y eso ayudó a reducir el sesgo en 2024. Pero ese ajuste supone que este año votará un electorado parecido al de 2024. Si se desploma la participación de los seguidores de Trump, ese ajuste podría subestimar a los demócratas.
 
Otra decisión es a quién contar como votante probable. Una misma encuesta puede dar resultados muy distintos si cuenta solo a quienes ya votaron antes o si incluye a quienes dicen que esta vez sí votarán. También pesa contra qué mezcla de demócratas, republicanos e independientes se ajusta la muestra: solo por esa decisión, la ventaja de un partido puede moverse un par de puntos. Y queda un factor que ningún ajuste resuelve: los indecisos pueden irse hacia un partido en un estado y hacia el otro en el de al lado.

Tercer argumento: la calidad de las encuestas

Junto a las encuestas de casas con trayectoria circulan las de casas que no dicen quién trabaja en ellas ni cómo levantan sus datos. Aun así, sus cifras se citan en la prensa y en redes sociales, y entran en los promedios igual que las demás. Este año hubo casas que admitieron haber publicado encuestas inventadas. En los casos conocidos, quitarlas casi no movió los promedios, pero muestran que una cifra puede llegar a la conversación pública sin que nadie haya revisado cómo se obtuvo.
 
Otro problema está en las encuestas por internet en las que cualquiera puede inscribirse. Una parte de quienes contestan lo hace sin poner atención o da respuestas falsas, a veces solo para cobrar por participar. Esos entrevistados suelen decir que votaron por quien ganó la elección anterior, sin importar el partido. Las encuestadoras los detectan con preguntas de control y los quitan, pero la forma de hacerlo puede mover el resultado varios puntos, y no siempre en la dirección correcta.

Cuarto argumento: los estados donde ganó Trump

El control del Senado se juega en buena parte en ocho estados que ganó Trump en 2024 y donde hoy va adelante el demócrata (Carolina del Norte, Georgia, Ohio, Michigan, Texas, Iowa, Alaska y Kansas). Ahí está el riesgo que más se discute: que las encuestas inflen a los demócratas justo en esos estados. En las elecciones al Senado de 2014 a 2020, las encuestas en esos ocho estados dieron de más a los demócratas 3.8 puntos en promedio, y pasó en los ocho. En los demás estados, en esas mismas elecciones, el promedio fue igual. Es decir, en esos ocho estados el sesgo no fue distinto al de los demás.
 
Pero ese sesgo no es fijo. En todo el país, en las elecciones al Senado de 2006 y 2012, antes de Trump, las encuestas se quedaron cortas con los demócratas en promedio. Además, hoy en los ocho estados menos de la mitad aprueba el trabajo de Trump. Si quienes lo desaprueban votan distinto que antes, no hay por qué suponer que el sesgo se repita.

Cómo se toma en cuenta el sesgo

El margen de error que publica cada encuesta solo toma en cuenta que se entrevistó a unas cuantas personas y no a todas. No incluye el sesgo que viene de quién contesta, de cómo se ajusta la encuesta o de quién se cuenta como votante. Entre 2014 y 2020 hubo 914 encuestas al Senado en las tres semanas previas a cada elección. Si el margen de error lo explicara todo, solo unas 46 habrían quedado fuera de su margen. Fueron 281, y 249 de ellas les daban de más a los demócratas.

Tampoco sirve corregir una encuesta con el sesgo del pasado, porque cambia de lado de una elección a otra. Si las encuestas se hubieran corregido con el sesgo de las cuatro elecciones anteriores, en cuatro de las últimas siete habrían quedado peor.
 
Por eso las encuestadoras atacan las causas: revisan a quién entrevistan, cómo ajustan sus resultados y a quién cuentan como votante. De esas 914 encuestas, la mitad se alejó del resultado por más de 4 puntos. Una ventaja de ese tamaño en una sola encuesta no alcanza para saber quién va adelante.

Lo que queda abierto

A una semana de la elección, las encuestas dan ventaja a los demócratas, y ninguna de las explicaciones del sesgo permite saber hacia qué lado podrían desviarse este año. Si se repite lo de las presidenciales con Trump en la boleta, la ventaja demócrata podría ser menor de lo que hoy se ve. Si se repite lo de 2025, podría ser mayor. Buena parte del resultado depende de los votantes que suelen votar por los republicanos pero desaprueban a Trump: si regresan a su partido, se quedan en casa o votan por los demócratas el 3 de noviembre.

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